
Y mirar como miran hacia atrás los valientes, y huir como huyen los cobardes.
Prisionero de su esfera, de su mundo, encerrado dentro de esas cuatro paredes, sostiene con su mano izquierda, frente a sus ojos negros, una bola de cristal. Buscando durante años ese pequeño impulso, que le de el valor para enfrentarse cara a cara a sus miedos. Sin más resultado que su propio reflejo, interpreta cada día que su único obstáculo, el cual no le deja atravesar la barrera del miedo, no es otro que él mismo.